IMPORTANCIA HISTÓRICA Y BIOLÓGICA DEL PROCEDIMIENTO DE BLANQUEAMIENTO DENTAL

A diferencia de lo que podríamos pensar, el blanqueamiento dental es uno de los métodos terapéuticos más antiguos de la odontología estética, ya que desde siempre existe el anhelo de realzar la sonrisa, por lo que forma parte de las necesidades internas de nuestra personalidad que trasciende los límites culturales y sociales.

El aspecto de los dientes de una persona cobra un carácter primordial, no sólo durante la sonrisa, sino también al hablar y como parte del lenguaje de la mítica. Los dientes pueden expresar belleza, apoyar los labios e influir en la fonética.

A menudo se nos plantea la pregunta de si la medicina, además de su componente científico, también tiene una parte artística. Cada ámbito de la medicina integra necesariamente una componente científica, pero no menos importantes son las facultades del clínico, en su manera de encarar las dificultades técnicas con su saber hacer y con la percepción para definirlas y solucionarlas.

Al hacerlo, el médico está aplicando el arte de su entorno cultural y, en odontología además, su habilidad técnica en beneficio del paciente.

Desde siempre, la sonrisa ha sido la exteriorización de los sentimientos más íntimos y los secretos del alma humana: expresa la alegría, el humor, la seducción, la satisfacción, el ingenio, pero también la compasión o la timidez, y a veces la inquietud. Asimismo se considera un medio eficaz para las comunicaciones sociales y los contactos interpersonales. El papel de la sonrisa como símbolo de expresión y, a veces de la belleza, ha ido cambiando radicalmente a lo largo de los siglos: en los retratos, se ha convertido en foco de atención que hace de una cara bonita lo más hermoso. Con la introducción de las nuevas preferencias estéticas, también se ha hecho cada vez más patente el deseo de una sonrisa perfecta, tal como puede observarse tanto en la escultura, en la pintura como en la fotografía. La Gioconda de Leonardo da Vinci y la Marylin de Andy Warhol son dos iconos de la belleza, dos mujeres fascinantes que se crearon con dos técnicas completamente distintas y dos estilos artísticos muy alejados, pero que cautivan por igual nuestra atención. En ambos casos la sonrisa es un arma de seducción. Y es justamente este elemento tan diferenciados y eterno, el que fascina al observador. No resulta nada sencillo comprender la sonrisa de la Mona Lisa, una “sonrisa llena de oscuridades”. Sobre todo porque la obra se creó a principios del siglo XVI, lo que dificulta aún más su comprensión. A pesar de ello, para muchos autores este trabajo es, sin duda alguna, una “reivindicación del derecho a la sonrisa”, como si se tratara de una síntesis de todas las maneras de sonreír: la sonrisa del cuerpo, del espíritu y, para los más inspirados, de la vida misma, capturadas en una figura solemne, rodeada de una dimensión inconmensurable.

La sonrisa encuentra una representación muy amplia en las obras del Renacimiento: en los cuadros de Donatello, Verrocchio, Botticelli (pensemos en La primavera) y de Leonardo, se retratan con frecuencia caras que sonríen. Hablamos de la “sonrisa”, que viene del latín sub-ridere = reír por debajo) y nunca de la “risa”. En muy raras ocasiones las mujeres representadas en estas obras muestran sus dientes. Esto puede explicarse por el hecho de que, en aquella época el código de conducta obligaba a un cierto recato.

En el arte contemporáneo, en seguida nos asalta la belleza de la diva, porque el artista utilizó una técnica de impresión especial, reforzando las características remarcables de la actriz como su boca roja ys u sonrisa pícara, que la convierten en un icono inaccesible. Con el cuadro Velvet Underground featuring Nico, Warhol sólo representa un detalle de la cara como componente significativo que se repite en la pantalla y refuerza su simbolismo. La boca, la sonrisa sensual que expone una arcada dental luminosa y perfecta, se convierte en el símbolo de belleza y sensualidad, lo que dio lugar a mensajes publicitarios, en los que la mujer y su sonrisa se convirtieron en la metáfora de la sensualidad y de la fascinación.

Acordémonos de las imágenes rutilantes del cine y la fotografía y pensemos en la famosa sonrisa de Audrey Hepburn o la de Julia Roberts, que han sabido meterse en nuestros corazones. Es imposible olvidar estas sonrisas ya que es lo que da singularidad a su belleza.

Lo importante, hoy en día, es que seamos conscientes de este maravilloso recurso de seducción que puede emplearse de modo muy diverso. En tiempos remotos, las damas debían exponer los dientes con cierto grado de reserva y recato. Por suerte, hoy en día, ya no es así porque…

…en el siglo XXI, la moderna Mona Lisa por fin puede “reír”.

El blanqueamiento es un proceso químico mediante el cual se consigue un efecto estético en los tejidos duros dentales aplicando diferentes sustancias y concentraciones.

El procedimiento del blanqueamiento precisa necesariamente de una primera fase de diagnóstico del caso que incluye una exploración clínica detenida para valorar restauraciones antiguas que no se blanquearán como los dientes, el estado periodontal (encías y presencia de recesiones), tipo de esmalte, selección del color con guías de color o espectrofotómetro… Se ha de tener en cuenta también la edad del paciente, la sensibilidad preexistente, la dimensión de la cámara pulpar, así como la estructura del diente y del tejido sobre el que aplicamos el producto. Y es que para saber hasta dónde podemos llegar, debemos saber de dónde partimos. Asimismo el paciente debe ser informado del número de sesiones necesarias en su caso, de los posibles efectos secundarios del tratamiento, cuidados posblanqueamiento y duración del resultado.

“Fracasar en la preparación significa prepararse para el fracaso” (Joe Paterno)

A la hora de comenzar el tratamiento de blanqueamiento resulta imprescindible la correcta protección de los tejidos blandos aislándolos del agente blanqueante mediante abrebocas y protectores gingivales polimerizables con luz o dique de goma.

Los productos para el blanqueamiento son compuestos a base de peróxido de hidrógeno o carbamida a diferentes concentraciones. Pueden aplicarse en combinación con una activación por luz o por láser, o mediante cubetas prefabricadas, activadas por ultrasonidos. Estos productos pueden presentarse en forma de sistemas de mezcla jeringa a jeringa, productos en jeringas listas para ser utilizadas, productos con elementos de automezcla, para mezclar manualmente o cubetas prerrellenadas. Suelen contener sustancias desensibilizantes como nitrato potásico, flúor o calcio.

El mecanismo del efecto blanqueante es el resultado de una reacción química en forma de reducción oxidativa, posible gracias a la permeabilidad del esmalte y de la dentina. El paso de estas sustancias a las estructuras internas de los dientes desencadena una serie compleja de reacciones redox, con una transferencia de electrones de las sustancias oxidadas a las que están en oxidación. De este modo, los pigmentos cromóforos existentes en el interior de la estructura mineralizada de los dientes decolorados pueden desdoblarse, con la consiguiente mejora macroscópica de los elementos tratados. El mecanismo de acción específica, común a todos los blanqueantes, conlleva la liberación del peróxido nativo con una rotura de las uniones dobles de las moléculas pigmentarias y su sustitución por uniones individuales. Si bien de este modo no se consigue la desaparición completa de las sustancias pigmentadas, éstas se desdoblan en uniones más pequeñas con un menor peso molecular que reflejan la luz de manera distinta, con lo que el diente parece mucho más claro. Al utilizar peróxido de hidrógeno puro o peróxido de carbamida, en cuya reacción de desdoblamiento siempre se obtiene peróxido de hidrógeno más urea, la urea se desdoblará después en dióxido de carbono y amoniaco que, con un pH más alto contribuirá positivamente al mecanismo blanqueante.

El blanqueamiento puede realizarse en varias sesiones clínicas, en casa, o con sesiones clínicas continuadas en casa; siempre con las indicaciones y seguimiento de su odontólogo para evitar exponerse a riesgos innecesarios.

 

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